La selección uruguaya femenina de Beach Handball cumplió el objetivo en Lima y selló su clasificación al Mundial de Croacia 2026. En el cierre ante Chile, un partido intenso y parejo encontró su punto de quiebre en el final del primer set, cuando Uruguay logró ese tanto decisivo que aseguró el boleto mundialista. Sobre ese momento y el camino recorrido, la capitana Ana Iglesias compartió sus sensaciones y reflexiones, en una charla que refleja el espíritu colectivo del equipo.

“Fue un momento muy intenso. El partido contra Chile tuvo momentos muy parejos, sobre todo el primer chico, y sabíamos que se iba a definir por detalles. Cuando llegó el gol, lo viví con alivio porque ya significaba que estábamos dentro del Mundial. Obviamente queríamos ganarlo 2-0, pero llevándonos un chico ya teníamos un pie adentro de Croacia. También fue una mezcla de emoción y alegría, y lo sentí como un premio por todos estos años, por seguir entrenando duro para mejorar, mejorar y mejorar. Uruguay no es solo la capitana, sino el equipo que en conjunto saca adelante los partidos. Como capitana, claro que tiene un significado especial, pero sinceramente lo veo como algo de todas: cada defensa, cada atajada, cada gol fue parte de esa clasificación”.

Uruguay llegó a este repechaje con la responsabilidad de ser uno de los equipos a vencer, tras un proceso que venía mostrando señales claras de crecimiento. Lejos de pesar, ese contexto fue bien gestionado por el grupo.

“Sí, éramos conscientes de que llegábamos con cierto favoritismo por lo que veníamos mostrando, pero también sabíamos de lo que somos capaces y al nivel que podemos jugar. En Rosario tuvimos muy cerca la clasificación y por pequeños detalles perdimos la semifinal con Argentina; fuimos a darlo todo y eso fue lo que pasó. Este torneo, o fase 2 como le llaman, sabíamos que tenía que ser nuestro. Tratamos de manejarlo con calma y madurez, transformando la presión en responsabilidad. Todo ese proceso previo fue clave para fortalecernos como grupo, tanto en lo deportivo como en lo mental”.

Con la clasificación ya en el bolsillo, el equipo proyecta lo que vendrá con los pies en la arena y la mirada puesta en el máximo nivel. El desafío será prepararse en condiciones muchas veces adversas, pero con la convicción de seguir creciendo.

“Lo que viene lo imaginamos con mucha ilusión, mucho entrenamiento y dedicación. Se vienen meses de frío y lluvias, y el clima en el beach handball afecta mucho las prácticas, así que tenemos que tratar de entrenar mucho para llegar con el mejor rodaje posible y en nuestro más alto nivel. El nivel en los mundiales es altísimo hay que trabajar mucho los shoot out (penales), dado que es muy difícil ir a ganar 2-0. Además, es una realidad que no deja de ser un deporte amateur, y no solo hay que prepararse físicamente sino también económicamente: pensar en qué recursos o apoyos podemos conseguir, o qué cosas hacer para recaudar fondos, porque todo sale de nuestros propios bolsillos. El objetivo es llegar de la mejor forma en todos los aspectos y seguir creciendo como equipo para competir contra las potencias”.

Una clasificación que confirma el presente de Uruguay y que vuelve a poner a la Celeste en la escena mundial, con un grupo que entiende que el logro es de todas y que el camino recién empieza