Martina Barboza nació en España, pero sus raíces uruguayas —herencia de su madre, Alejandra Canobbio— la vinculan estrechamente con nuestra historia de handball. Con apenas 7 años dio sus primeros pasos en el deporte, y desde entonces no dejó de crecer: pasó por clubes en Mallorca y Castellón, se consagró campeona de España y hoy se prepara para un nuevo desafío en el Schär Colores Zaragoza en la temporada 2025/26.
Martina Barboza nació en España, pero tiene fuertes raíces uruguayas que la conectan con nuestra historia de handball. Desde muy pequeña empezó a forjar su camino en este deporte: tenía apenas 7 años cuando su mamá, Alejandra Canobbio, la inscribió en una actividad extracurricular en su colegio para que pudiera conocerlo y probarlo. Bastaron pocas prácticas para que su entusiasmo y talento quedaran claros: pronto necesitó dar un paso más allá de aquellas clases escolares.
Así llegó a un club en Mallorca, donde jugó en categorías base mixtas. Su nivel y sus ganas de crecer la llevaron a fichar por el Club Onda, en Castellón, donde disputó cinco temporadas y alcanzó la División de Honor Plata, colocándose entre los cinco mejores equipos. Sobre ese salto en su carrera, Martina recuerda:
“Fue un momento muy impactante, porque tuve que pegar un cambio muy grande no solo deportivamente sino también personalmente. Era muy pequeña, me vine a vivir sola con 16 años y eso provocó que tuviese que madurar muy rápido. Pero creo que me ayudó mucho, conseguí mejorar muchísimo, aprendí muchísimo, sobre todo ese primer año”.
Otro momento inolvidable en su trayectoria fue consagrarse Campeona de España con su equipo, un logro que consolidó su crecimiento y le dejó recuerdos imborrables.
De cara a la temporada 2025/26, Martina acaba de firmar con el Schär Colores Zaragoza, un nuevo desafío que la ilusiona especialmente: “Fichar por el Colores es dar un paso más en mi carrera. Me genera mucha ilusión”.
El amor por el handball es parte de su historia familiar. Su madre, Alejandra Canobbio, fue una destacada jugadora uruguaya: se formó en las divisiones menores de Tabaré bajo las órdenes de Eduardo “Patón” González, con quien se consagró campeona Federal en 1991. En 1993 pasó a Huracán Buceo con Gonzalo Peluffo como entrenador y llegó a la selección uruguaya, consolidándose como una referente de su generación.
Alejandra, que descubrió el balonmano algo tarde (a los 11 años), rápidamente se transformó en referente. Integró la selección uruguaya con la que ganó el Sudamericano en 1995 y tuvo un gran 1996, año en que recibió el premio a la mejor jugadora de su categoría y la superior, un reconocimiento muy especial entregado por su propio padre.


Alejandra se formó en Tabaré —donde jugó hasta los 18 años— y luego pasó por Malvín y Huracán Buceo, club al que se incorporó en 1997. Allí fue parte de un proceso muy trabajado para destronar al poderoso Regatas, coronándose campeona federal en 2000 con las “Tricoplayeras”. En 2001 fue operada del hombro y poco después emigró a Mallorca, donde continuó jugando hasta 2018.
Entre sus recuerdos más queridos está el año 2017, cuando tuvo la oportunidad y el orgullo de compartir cancha con Martina: Alejandra como central y su hija como lateral. Fue un momento único para ambas, después de tantos años en los que Martina creció literalmente al borde de la cancha, acompañando los entrenamientos desde bebé.
Alejandra destaca también el carácter y la constancia de Martina, que desde los 16 años se fue a la península para jugar en Handbol Onda —donde se consagró campeona de España en 2022— y ahora da el salto de la División de Honor Plata a Oro mientras estudia Psicología, otra de sus grandes pasiones.
La Federación Uruguaya de Handball celebra y acompaña el recorrido de Martina Barbosa, una jugadora con raíces uruguayas que combina pasión, entrega y mucho futuro en el exigente handball español.