El jugador de Universitario de Córdoba fue convocado por primera vez a la Selección Mayor y ya partió rumbo a Asunción para disputar el Torneo Sur-Centro clasificatorio al Mundial 2027, competencia que otorga cuatro cupos. Recibido como médico en 2025, Tapia atraviesa un momento único al cumplir el sueño de vestir la camiseta celeste en el máximo nivel.
Joaquín Tapia tiene 21 años, nació en Montevideo, pero desde muy pequeño se radicó en Realicó, La Pampa (ArgentIna), ciudad donde dio sus primeros pasos deportivos. Su historia tiene raíces bien marcadas: madre realiquense y padre uruguayo, una combinación que hoy lo lleva a representar a la “Celeste” a nivel internacional.
Tapia Arozarena comenzó a jugar handball en Sportivo Realicó, club en el que se formó y vivió sus primeras experiencias competitivas dentro de la disciplina. Con el paso del tiempo, se trasladó a Córdoba para estudiar Medicina y continuar su desarrollo deportivo. Actualmente integra el plantel de Universitario Handball de Córdoba, institución desde la cual se confirmó oficialmente su convocatoria a la Selección Uruguaya Senior.
Tapia, quien se recibió como médico en 2025, atraviesa un momento especial tanto en lo profesional como en lo deportivo. Su llamado representa el fruto de años de trabajo, sacrificio y constancia, combinando el alto rendimiento deportivo con una exigente carrera universitaria.
El handbolista uruguayo se ha consolidado en el competitivo ámbito del handball argentino, defendiendo los colores de Universitario de Córdoba. Su rendimiento sostenido y su crecimiento deportivo no pasaron desapercibidos para el cuerpo técnico encabezado por Héctor Sintas, que apostó por sumarlo al proceso de la selección mayor.
Uruguay afrontará el Sur-Centro de Asunción con objetivos claros: competir al máximo nivel, buscar la clasificación al Mundial 2027 y seguir fortaleciendo el recambio generacional del plantel. En ese contexto, la inclusión de Tapia representa una apuesta al presente y al futuro, sumando jerarquía, compromiso y nuevas variantes al equipo.
Para Joaquín, el desafío es mayúsculo, pero la ilusión es aún mayor. Su historia refleja el espíritu de superación que caracteriza al handball uruguayo: crecer, formarse y soñar en grande, dentro y fuera de la cancha. La Celeste suma así un nuevo nombre que buscará dejar su huella en esta etapa decisiva del camino mundialista.